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Fray José León Torres confesor de la Venerable Sor Leonor Ocampo

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Siempre es conmovedor reconocer que tantos hombres y mujeres santos compartieron un determinado momento histórico, espacios o zonas geográficas. Muchas veces también han coincidido, y se acompañaron en la vida y en la misión. En el mundo existen gran cantidad de estos llamados “racimos de santidad” que nos animan en el camino y se proponen como modelos para los cristianos de todos los tiempos.


Algunos ejemplos de los más conocidos pueden ser San Ignacio de Loyola, que fue amigo y padre espiritual de San Francisco Javier, y dicen que se seguía los consejos de San Felipe Neri. El Padre Pío y San Juan Pablo II se conocieron y pasaron toda una noche en oración; Santa Teresa de Calcuta y Juan Pablo II; San Antonio de Padua estuvo entre los discípulos de San Francisco de Asís. Don Orione conoció personalmente a Don Bosco, y Santo Domingo Savio fue alumno del llamado Padre y Maestro de los Jóvenes. Son muy famosas las fecundas amistades espirituales entre San Francisco y Santa Clara de Asís; los grandes místicos españoles Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, entre otros muchos.  

Cuando los santos se encuentran generan fecundas semillas de nuevos cristianos llamados a la santidad. Como las experiencias de los mártires, de los que generalmente conocemos el nombre de uno de ellos seguido de la frase “y compañeros mártires”: San Genaro y compañeros mártires; San Pablo Miki y compañeros mártires;  los mercedarios padre Manuel Alcalá Pérez y 18 compañeros mártires de Aragón.

En Argentina, y en Córdoba, la Beata Madre Catalina de María Rodríguez compartió la misión junto al Santo Cura Brochero, que fue amigo del fraile dominico padre Reginaldo Toro; y a su vez por ser contemporáneos sirvieron en la epidemia del cólera, como la Beata Madre Tránsito Cabanillas.

El sitio web de la Venerable Sor Leonor de Santa María Ocampo, primera monja dominica contemplativa argentina camino a la santidad, publica un artículo de monseñor José María Arancibia que narra sobre el vínculo entre Sor Leonor y su confesor, el Venerable Fray José León Torres, sacerdote mercedario fundador de las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús: “Sor Leonor consideró que este nuevo confesor era otro reglado de la providencia para ella, y aprovechó su conducción con gozo y gratitud. Ella, además, vislumbró de alguna manera la fundación que el padre preparaba. Y él, a su vez, advirtió a las Catalinas, con mucha discreción, la profunda vida interior que había llevado sor Leonor”.


La santidad es “contagiosa”,  y estas experiencias de amistades y acompañamientos espirituales son una invitación más a compartir la vida de fe en comunidad, animando a otros a la profundidad y la alegría de la entrega a Dios en los hermanos.