Noticias

“María para mí es mi Madre” Fray Matías Ledesma

Recursos

A días de la Profesión Solemne de Fray Matías Ledesma, compartimos un diálogo en torno a su testimonio vocacional. La ceremonia se vivió el domingo 17 de Noviembre en la iglesia del Colegio León XIII, en Córdoba, con alegría y emoción, junto a muchos amigos, familiares, religiosos y compañeros de camino.

Nos cuenta Matías, mirando su camino de discernimiento, que cuando comenzó a preguntarse por la vida religiosa en el año 2010, empezó un acompañamiento el padre Luis, sacerdote de la  Diócesis de Tucumán. Tenía 20 años de edad, y su hermana estaba haciendo una experiencia con las hermanas mercedarias en un barrio periférico de Tucumán, cerca de la Parroquia San Pedro Nolasco.

“Yo conozco a la Orden de la Merced por la Hna. Cristina. Y participo de un retiro vocacional. Ahí empecé a descubrir y conocer a los mercedarios, el carisma, el tema de la visita, la redención. En ese momento estaba el Padre Hernán Salegas, que era estudiante. Él estaba encargado de recibirnos, de mostrarnos a qué se dedicaba La Merced. También estaban la Hna. Cristina y un matrimonio.

Yo no sabía que existía la Orden de la Merced. Pero en la infancia, cuando era chico, mi madre sabía llevarnos todos los 24 de septiembre  a la localidad de Leales, donde se celebra la fiesta de Nuestra Madre de la Merced. Ahora pienso que en la propia historia hay cosas que nos marcan. Y una de ellas fue esto: que yo había participado desde niño en las fiestas de Nuestra Madre.

Llegué al primer encuentro vocacional que era en Córdoba un día sábado y terminó el domingo. Fueron dos días intensos. En uno de los pasillos del convento me encontré con el hermano Marcelo Hidalgo, que era postulante de primer año en aquel momento. Y conversando con él, me dijo que si quería conocer más del carisma, leyera “Camino de Liberación”, de Xavier Pikaza.  Al finalizar el encuentro yo dije muchas gracias, que me había gustado el encuentro pero que no era lo que yo quería. Lo que andaba buscando no era eso. Y dije que no iba a  volver...

 

¿Y qué fue lo que te hizo regresar a esta familia religiosa, y con este particular carisma de redención?

Bueno, había algo que me había llamado mucho la atención, y era la vida en comunidad, a diferencia de los sacerdotes diocesanos.

Después comencé a leer “Camino de Liberación”, y me encontraba en la historia de la Orden y de San Pedro Nolasco. Un día leía un capítulo o dos o tres hojas, al otro día otro poco... ahí brotaba algo en mi corazón que no lo puedo explicar, como una alegría que fue saciando mi corazón en esa búsqueda que tenía. Y ahí dije quiero pertenecer a este carisma. ¡Quiero ser religioso mercedario!

Más allá del primer encuentro que yo había dicho que no iba a volver, después sólo le llamé al padre Hernán y le avisé que participaría  del segundo encuentro vocacional.

Y fui como encontrando esa serenidad en mi corazón. Esa búsqueda que tanto anhelaba, que yo quería vivir una vida entregada, me iba encontrando en la lectura de la historia, las oraciones que fuimos compartiendo en los diferentes encuentros vocacionales, y cada vez se iba reafirmando más.

Cada vez que conocía más de la historia de la  Orden o la forma de vivir me sentía más identificado. Y también desde la oración, que es lo primordial y sustenta en el encuentro con Dios. Si decido hacer un encuentro vocacional es porque me estoy preguntando algo, y ese algo lo iba encontrando en la oración también. Y en el encuentro y el compartir con las personas que me acompañaban en aquel momento.

Ese año, 2010 fue muy intenso para mí porque fue el de decidirme. Después de cuatro encuentros hice una experiencia en la Basílica de La Merced, también en ese momento conversamos con quien estaba encargado de acompañarnos a nosotros, el padre Hernán, y se nos dio la posibilidad de pedir el ingreso, o de dar las muchas gracias, o que nos iban a seguir acompañando.

Me acuerdo de esa tarde cuando yo escribí mi carta, le  escribí al Padre José Luis Mercado Morales que era Provincial  en aquel momento, y pedí el ingreso a la Orden de La Merced en ese diciembre de 2010. Pedía hacer una experiencia y seguir conociendo esto que iba encontrando en la oración y en la lectura de la historia.

 

¿Cómo estás viviendo este tiempo de Profesión Solemne?

Me encuentro muy sereno. Con tranquilidad en mi decisión, tranquilidad y alegría de que encontré en esta familia aquello que buscaba en mi historia vocacional.

Durante toda mi formación estuve viviendo en Córdoba en el León XIII. Después de mi traslado a Ranelagh, junto con el padre Hernán y el hermano Juan Carlos, fue todo nuevo. Aprender, tener una experiencia con los hermanos. Gracias a Dios me acompañaron mucho, me ayudaron también a cambiar algunos pensamientos o actitudes. Fue un tiempo muy productivo en la comunidad de Ranelagh en Buenos Aires.

Cuando estuve preparando mi retiro para la preparación de mis votos, el padre José Luis me invitaba a pensar en cómo estoy, cómo llegué  a la Orden, y todas estas preguntas que ustedes me están haciendo.

En este mirar cómo llegué para rezar como estoy hoy, encontraba que Dios me había salvado, y que me proponía algo nuevo, y ese algo nuevo es continuar dando pasos. Me encuentro así, con la alegría y ansiedad de poder ver a mi familia y a la gente que me acompañó a lo largo del camino. Porque uno puede decir pongo la vida, pongo el corazón en todo lo que hago, pero también hay gente, hay laicos que me enseñaron, que me ayudaron a cambiar muchas cosas.

Estoy con el corazón sereno, tranquilo y dando Gracias  a Dios por todos aquellos que me acompañaron a lo largo de estos años. Por eso doy gracias a Dios. De una forma emocionado lo digo.  Y en la oración también pedía perdón por las veces que no llegué a ser el hermano que los laicos o mis propios hermanos necesitaron.

 

¿Qué invitación podés hacer para los jóvenes que están sintiendo el llamado a entregar su vida generosamente en la misión redentora?

Siempre les dije a los jóvenes con los cuales yo compartí algún momento de mi camino vocacional que esto es algo personal que uno siente en el corazón. Pero lo van a encontrar en la oración, porque todos somos llamados. Dios continuamente está llamando. Nos llama a que seamos buenos cristianos, buenos profesionales, buenos hermanos. Los animo a que busquen la felicidad. En el corazón de todo ser humano está la búsqueda de la felicidad. Mi mensaje es corto y sencillo: no tengan miedo a preguntarse y repreguntarse. A entregarse a la voluntad de Dios, Él tiene un plan para cada uno, pero también está en nosotros buscar y encontrar respuestas a lo que Dios nos va pidiendo. ¿Y dónde vamos a encontrar esas respuestas? en la oración, en la Eucaristía, en ese Jesús que se hace presente en los hermanos, en el grupo en que estoy, en el grupo de amigos, en el grupo de la parroquia, en diferentes lugares. En la Creación, doy gracias a Dios por lo creado, ahí encuentro a Dios. Porque eso me hace estar vivo, y Dios quiere que seamos felices, de acuerdo a la invitación que Él nos hace.  Si Dios los llama, de alguna u otra forma, va a hacer en ustedes grandes cosas.

 

¿De qué manera Nuestra Madre te acompaña y sostiene en este sí cotidiano?

María de la Merced estuvo presente desde mi niñez, porque mi madre solía llevarme a la fiesta del 24 de septiembre y rezábamos el rosario en aquellas fiestas.

Luego viví la pérdida de mi madre como un vacío. Después de haber perdido a mi madre yo me alejé mucho de Dios, pensando en porqué me había quitado a aquella que me dio la vida. Pero nunca dejé de rezar. Porque  eso es lo que ella me dijo: “Todo lo que tú necesites, pídele a María, porque María es Nuestra Madre”.

Y yo les puedo decir que María me sostuvo a lo largo de toda mi vida y mi  vocación. En el postulantado siempre solía rezar el rosario. Recuerdo una vez yo estaba haciendo un retiro, y nos invitaron a rezar con un texto, con una lectura típica, algo de la Orden que decía que todo aquel que no siente a  María de La Merced como madre, no puede ser mercedario. Y eso me quedó grabado desde aquel 2011 en un retiro antes de irme de vacaciones.

Hoy puedo decirles que María me acompaña como madre. Me sostiene en lo cotidiano. Sin duda. Cada día le pido a Ella porque yo encontré en María de La Merced a mi Madre. Aquello que sentía que Dios me había quitado, me lo devolvió en María.  María como modelo. María la que sostiene, María la que acompaña, María la que sale al servicio de su prima Isabel. María para mí es mi madre.